Actores: Patrick Dempsey, Oliver Reed, Klaus Maria Brandauer, Leonore Varela, Michael Cronin, Vincent Regan, Stuart Bunce, Silas Carson, Anita Zagaria, Andrea Occhipinti.
Jeremías, hijo del sacerdote de Jerusalén y descendiente de Aarón, recibe desde su infancia señales de que ha sido elegido como profeta de la palabra. Sus primeras intervenciones chocan con el pensamiento del Rey Josias, quien le aparta de Jerusalén al ser acusado de no seguir las enseñanzas del Señor.
Jeremías nació en Anatot, de familia sacerdotal, hacia el año 650 a.C. (cfr. Jer. 1:2, 6). Su padre se llamaba Hilcías (1:1), pero no es, probablemente, el sacerdote que aparece con idéntico nombre en tiempos del rey Josías (2 R. 22-23). Jeremías fue llamado al profetismo en el año 13 de Josías (627 a.C.). Su actividad profética, que casi se limitó exclusivamente a Jerusalén, se extiende, por lo menos, por espacio de cuarenta años, pues sus últimas palabras llegaron hasta nosotros datan de fecha posterior a la destrucción de Jerusalén (año 587/586, cfr. Jer. 44). Sin embargo, no se conserva ningún discurso del profeta de los años 622 hasta la muerte de Josías (año 609).
Muerto Josías en un vano intento por resistir a Egipto, fue sucedido por Joacaz (llamado también Salum, Jer. 22:11), quien también fue depuesto por el faraón egipcio (2 R. 23:31-33). Este colocó en el trono a Eliaquim (también llamado Joacim, 2 R. 23: 34; 2 Cr. 36:3, 5). Jeremías lamenta la deposición de Joacaz y su exilio a Egipto (22:10-12). Durante el reinado de Joacim (607-597 a.C.), Nabucodonosor, emperador de Caldea, derrotó a Egipto en la batalla de Carquemis (605 a.C., cfr. Jer. 46) y dominó la región (Jer. 25:l5ss.). Jeremías exhortó a la sumisión ante Nabucodonosor (Babilonia), pero Joacim vacilaba entre Egipto y Babilonia. Además, su vanidad y tendencias idolátricas (2 R. 23:37) le impedían oír el consejo de Jeremías (22:13-19; 26:20-23). Nabucoclonosor saqueó Ascalón (47:5-7; Sof. 2:4-7) y Joacim intentó finalmente rebelarse, pero solamente obtuvo una sumisión más penosa (2 R. 24:lss.).
Jeremías recordó sus obligaciones al rey, a los profetas y sacerdotes de la corte y con ello se granjeó persecución, prisión y amenazas (Jer. 11:18-23; 12:6; 15:15-18; 18:18; 20:2; 26:lOs., 24).
El rey llegó hasta a destruir las profecías de Jeremías, las que su amanuense Baruc había copiado (Jer. 36:1-4, 23, 24), pero éste volvió a escribirlas (36:27, 32).
A pesar de todo, Jeremías continuó profetizando e intercediendo por Jerusalén (11:14; 14:11; 17:16); véase la pasión del profeta (Jer. 17:14-18; 18:18-23; 20:7-18) denunciando a los falsos profetas (23:9-40) y anunciando la destrucción final de Jerusalén y del Templo (7:1-15; 9:1; 13:17; 14:17, 18).
Joacim murió cuando Nabucodonosor estaba a las puertas de Jerusalén listo para castigar su insurrección (Jer. 22:18; cf r. 2 R. 24:lss.). Su hijo Joaquín solo reino tres meses (2 R. 24:8) y tuvo que rendirse (2 R. 24:12). Fue llevado cautivo a Babilonia con la mayoría de la aristocracia, el ejército y todo el pueblo. El Templo fue arrasado (24:14-16.), y llegó el fin de la casa reinante tal y como el profeta lo había predicho.
Cuando la caída de Jerusalén era inminente, el profeta anunció con actos simbólicos (32:1-15) y palabras (32:36-44; 33:1-26) la futura restauración. Esta no significaría la mera restauración política de Judá, sino el establecimiento de un nuevo pacto (31:31-14). Jerusalén cayó en 587 a.C. y Jeremías fue tratado bondadosamente por Nabucodonosor, pero rehusó la oferta de ir a Babilonia. Prefirió quedarse con los que permanecieron en Judá bajo el gobernador Gedalías (40:1-6). Después de asesinado Gedalías, el resto huyó a Egipto y Jeremías también fue con ellos (42:1 - 43:7). Allí se pierde su historia. Lo (último que sabemos de él es que animaba a los judíos, a los refugiados, anunciaba la próxima caída de Egipto (43:8-13) y reprendía a su pueblo porque la idolatría se había adueñado de ellos (44:1ss)
La vida de Jeremías es una de las que conocemos mejor entre las de los profetas el Antiguo Testamento. Su llamado, a temprana edad (1:6), conformó en él una profunda vocación, en la que el anuncio del juicio siempre prevaleció sobre el consuelo: (1:9, 10).
Con él, la conciencia profética alcanzó un nivel más alto, y se expresó como un constante estar "en la presencia de Dios". En un temperamento profundamente emotivo como el suyo, y en las condiciones trágicas de su pueblo, la comunión con Dios es una lucha. Jeremías es tierno y sensible por naturaleza, pero su vocación profética obliga a una constante denuncia de la desobediencia, idolatría y rebeldía de su pueblo. Declara la destrucción de Judá frente a la fallida reforma deuteronómica bajo Josías. Su libro está lleno de alusiones su propia vida en bellísimos pasajes (8:18,21; 9:1; 15:10; 20:14-18) que nos cuentan también su lucha y agonía en la vida de ministerio profético.
Jeremías nació en Anatot, de familia sacerdotal, hacia el año 650 a.C. (cfr. Jer. 1:2, 6). Su padre se llamaba Hilcías (1:1), pero no es, probablemente, el sacerdote que aparece con idéntico nombre en tiempos del rey Josías (2 R. 22-23). Jeremías fue llamado al profetismo en el año 13 de Josías (627 a.C.). Su actividad profética, que casi se limitó exclusivamente a Jerusalén, se extiende, por lo menos, por espacio de cuarenta años, pues sus últimas palabras llegaron hasta nosotros datan de fecha posterior a la destrucción de Jerusalén (año 587/586, cfr. Jer. 44). Sin embargo, no se conserva ningún discurso del profeta de los años 622 hasta la muerte de Josías (año 609).
Muerto Josías en un vano intento por resistir a Egipto, fue sucedido por Joacaz (llamado también Salum, Jer. 22:11), quien también fue depuesto por el faraón egipcio (2 R. 23:31-33). Este colocó en el trono a Eliaquim (también llamado Joacim, 2 R. 23: 34; 2 Cr. 36:3, 5). Jeremías lamenta la deposición de Joacaz y su exilio a Egipto (22:10-12). Durante el reinado de Joacim (607-597 a.C.), Nabucodonosor, emperador de Caldea, derrotó a Egipto en la batalla de Carquemis (605 a.C., cfr. Jer. 46) y dominó la región (Jer. 25:l5ss.). Jeremías exhortó a la sumisión ante Nabucodonosor (Babilonia), pero Joacim vacilaba entre Egipto y Babilonia. Además, su vanidad y tendencias idolátricas (2 R. 23:37) le impedían oír el consejo de Jeremías (22:13-19; 26:20-23). Nabucoclonosor saqueó Ascalón (47:5-7; Sof. 2:4-7) y Joacim intentó finalmente rebelarse, pero solamente obtuvo una sumisión más penosa (2 R. 24:lss.).
Jeremías recordó sus obligaciones al rey, a los profetas y sacerdotes de la corte y con ello se granjeó persecución, prisión y amenazas (Jer. 11:18-23; 12:6; 15:15-18; 18:18; 20:2; 26:lOs., 24).
El rey llegó hasta a destruir las profecías de Jeremías, las que su amanuense Baruc había copiado (Jer. 36:1-4, 23, 24), pero éste volvió a escribirlas (36:27, 32).
A pesar de todo, Jeremías continuó profetizando e intercediendo por Jerusalén (11:14; 14:11; 17:16); véase la pasión del profeta (Jer. 17:14-18; 18:18-23; 20:7-18) denunciando a los falsos profetas (23:9-40) y anunciando la destrucción final de Jerusalén y del Templo (7:1-15; 9:1; 13:17; 14:17, 18).
Joacim murió cuando Nabucodonosor estaba a las puertas de Jerusalén listo para castigar su insurrección (Jer. 22:18; cf r. 2 R. 24:lss.). Su hijo Joaquín solo reino tres meses (2 R. 24:8) y tuvo que rendirse (2 R. 24:12). Fue llevado cautivo a Babilonia con la mayoría de la aristocracia, el ejército y todo el pueblo. El Templo fue arrasado (24:14-16.), y llegó el fin de la casa reinante tal y como el profeta lo había predicho.
Cuando la caída de Jerusalén era inminente, el profeta anunció con actos simbólicos (32:1-15) y palabras (32:36-44; 33:1-26) la futura restauración. Esta no significaría la mera restauración política de Judá, sino el establecimiento de un nuevo pacto (31:31-14). Jerusalén cayó en 587 a.C. y Jeremías fue tratado bondadosamente por Nabucodonosor, pero rehusó la oferta de ir a Babilonia. Prefirió quedarse con los que permanecieron en Judá bajo el gobernador Gedalías (40:1-6). Después de asesinado Gedalías, el resto huyó a Egipto y Jeremías también fue con ellos (42:1 - 43:7). Allí se pierde su historia. Lo (último que sabemos de él es que animaba a los judíos, a los refugiados, anunciaba la próxima caída de Egipto (43:8-13) y reprendía a su pueblo porque la idolatría se había adueñado de ellos (44:1ss)
La vida de Jeremías es una de las que conocemos mejor entre las de los profetas el Antiguo Testamento. Su llamado, a temprana edad (1:6), conformó en él una profunda vocación, en la que el anuncio del juicio siempre prevaleció sobre el consuelo: (1:9, 10).
Con él, la conciencia profética alcanzó un nivel más alto, y se expresó como un constante estar "en la presencia de Dios". En un temperamento profundamente emotivo como el suyo, y en las condiciones trágicas de su pueblo, la comunión con Dios es una lucha. Jeremías es tierno y sensible por naturaleza, pero su vocación profética obliga a una constante denuncia de la desobediencia, idolatría y rebeldía de su pueblo. Declara la destrucción de Judá frente a la fallida reforma deuteronómica bajo Josías. Su libro está lleno de alusiones su propia vida en bellísimos pasajes (8:18,21; 9:1; 15:10; 20:14-18) que nos cuentan también su lucha y agonía en la vida de ministerio profético.



0 comentarios:
Publicar un comentario